miércoles, 10 de febrero de 2016

ARQUITECTURA MODERNA EN ECUADOR

 “La arquitectura nace de la naturaleza y a la inversa; una disolución donde ambos componentes se realimentan en el proceso de creación y dan lugar al conjunto”

La arquitectura moderna es fundamental destacar que surge a partir de los cambios técnicos, sociales y culturales vinculados a la revolución industrial, caracterizándose por la simplificación de las formas, la ausencia de ornamento y la renuncia consciente a la composición académica clásica. Respecto a, los representantes, los más reconocidos fueron Le Corbusier, Mies van der Rohe y Walter Gropius. Tal como, Bruno Taut describe las características de la arquitectura moderna.


Actualmente en las principales ciudades ecuatorianas, lo que se interpreta como imagen de modernidad son los edificios con grandes curtain walls, materiales importados como el alucobond, y por dentro, estructuras de acero, mamposterías de bloque y divisiones que cada vez más se hacen con gypsum o materiales similares. 


 

Es Importante destacar Los edificios de Gilberto Gatto Sobral, los de Giovanni Rotta, los de Ramiro Perez, inclusive los siempre cuestionados edificios de Sixto Durán Ballén y muchos otros, han sido fundamentales para Quito. Inclusive edificios como el Hotel Humboldt, representan no solo arquitectura, sino el nacimiento de industrias claves del país, como el turismo.


Esta cultura arquitectónica diseña dentro de principios de economía de medios y aprovechamiento de recursos locales, valorando las culturas populares –su eficiencia y desempeño surgidos de la necesidad– y siguiendo procesos que buscan desvelar, en lugar de negar, el potencial de lo existente, a menudo descuidado o incluso despreciado a toda escala.  Las obras nuevas están estrechamente ligadas con la idea de aprovechar al máximo los recursos que están a la mano, tanto naturales como culturales y humanos. Trabajar con lo que está a la mano inevitablemente nos devuelve a la arquitectura vernácula y su materia: el adobe, la caña guadúa, la paja toquilla, la madera, el ladrillo… Desde el punto de vista de la organización del diseño. Este sistema organizativo también se relaciona con el aprovechamiento máximo de los recursos tanto a la hora de diseñar como de construir: la unión hace la fuerza y en épocas de crisis es la única alternativa. Muchos de estos colectivos se levantan sobre sistemas de voluntariado afines con la tradicional minga, una forma de producción basada en la colaboración y la reciprocidad, común entre las culturas indígenas andinas, que se convoca primordialmente para construir.

El modernismo quiteño emerge desde una mirada geográfica e histórica, de palimpsesto, muy alejada de cualquier aspiración a tábula rasa. Las referencias a la arquitectura colonial barroca y a la neoclásica republicana renacen, transformadas, en las primeras propuestas de una estética moderna. Y, como ocurre en toda América Latina, escultura, pintura y arquitectura se dan cita en sus manifestaciones edilicias a diversa escala y en la concreción de distintas tipologías. Varias veces se ha aseverado que América Latina nunca fue moderna en el sentido nórdico, donde la modernidad surgió de un modo de producción capitalista, industrial, de la línea de fábrica y la estandarización, como máquina para vivir, trabajar, circular y entretenerse. En el sur se la concibió como estética “aspiracional”, conjuradora de modernidad, pero elaborada a mano, desde la abstracción –a menudo figurativa– y asociada con vertientes políticas más bien marxistas que reivindicaban la función social de la arquitectura y el valor de la tecnología hecha a mano.

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