En el giro de la década de los 30 ocurrieron cuatro hechos de interés para la historia de la arquitectura moderna de Ecuador. En 1940, Armando Acosta y Lara, en ese entonces Decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República, dictó una conferencia en Quito durante la cual anotó la necesidad de que se creara una escuela de arquitectura en la capital. Un año antes llegó a las costas del país el arquitecto checoslovaco Karl Kohn, uno de los principales pioneros del movimiento moderno en Ecuador, preocupado también por la ausencia de una facultad de arquitectura en Quito. Para el año 1939, se inauguró el primer edificio conscientemente moderno, el Palacio del Comercio (Banco La Previsora/Hotel Humboldt) diseñado por la firma estadounidense Hopkins & Dentz para el Centro Histórico de Quito, con cuyos tejidos contrasta el estilo art déco de esta propuesta en altura. Por último, siguiendo la estela trazada por Acosta y Lara, en 1941 llegó al país el joven arquitecto uruguayo Guillermo Jones Odriozola, a quien se le encargaría la creación de una Escuela de Arquitectura y el primer Plan Regulador de la capital ecuatoriana.
La tradición moderna de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central se diluyó en la década de los 70, cuando más que diseño arquitectónico se impartía cátedra socio-espacial y ciencias políticas, pero fue recuperada a finales de los 80 e inicios de los 90 por arquitectos que la heredaron por partida doble: de sus padres –la mayoría son hijos de arquitectos egresados de la Universidad Central– y de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, la única existente en la capital hasta la creación de la FADA-PUCE, la primera facultad privada, en 1994. Si bien su trabajo no ha sido el más difundido en el exterior –no con suficiencia– es tremendamente representativo del que hacer arquitectónico de Ecuador, con su modernismo contextual, urbanístico y corporal, que mantiene vivos los principios heredados de una generación seminal, como la honestidad de los materiales, la incorporación de contexto y paisaje en la propuesta arquitectónica y el énfasis en el arte de construir; pero que dialoga con los avances de la arquitectura de vanguardia internacional.
La mayoría de estos arquitectos ha diseñado edificios bien cimentados en una tradición, sin dejar de innovarla al hacerla dialogar con el arte, como en el caso de Adrián Moreno y María Samaniego en su Casa X, una propuesta tectónica, de ensamblaje, inspirada en la obra de Donald Judd; o la música, como en los Lofts Explosante Fixe, de Andrés Núñez, cuyo interés por la deconstrucción del programa y la fluidez de la forma se evidencian en algunos de sus proyectos más experimentales para depurarse en los más sobrios, como el Archivo Pasivo y la Residencia en La Viña; Rubén Moreira: se expresa con gran belleza en proyectos como la extensión al Museo de la Ciudad , un recorrido que es paisaje, rampa, escalera, muro y avenida conforme su espiral en corte recupera la tipología de patio típica del modelo urbano colonial.



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